El humanitarismo como resistencia: la Asociación Amel y la arquitectura del cambio social

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La Asociación Amel como movimiento social: de la acción humanitaria a la transformación estructural

Por el Dr. Kamel Mohanna | Fundador y presidente de la Asociación Amel Internacional

Desde su fundación en 1979, Amel no ha sido simplemente una organización humanitaria, sino un movimiento social progresista, arraigado en las luchas de los pueblos por la justicia y la dignidad. Surgió en un momento histórico decisivo —la invasión israelí del Líbano— con una visión audaz: promover un nuevo modelo de compromiso social, que trascienda la prestación de servicios para transformar el tejido mismo de la sociedad.

La amplia presencia de los centros de Amel en todo el Líbano, especialmente en las zonas más afectadas por la guerra civil, tiene un peso tanto simbólico como estratégico. Esta distribución no fue una coincidencia; fue un esfuerzo deliberado para superar la geografía del conflicto y la fragmentación, trazando un mapa alternativo basado en la solidaridad, la justicia y la conexión humana. La misión de Amel se lleva a cabo mediante un trabajo de campo participativo, dirigido por un equipo predominantemente joven —el 80 % compuesto por mujeres y niñas—, integrado por personal a tiempo completo y voluntarios, muchos de los cuales actúan como líderes en sus propias comunidades. Amel es, ante todo, un espacio para fomentar el liderazgo y construir resiliencia colectiva.

A lo largo de la historia, los movimientos sociales han surgido como puntos de inflexión en la configuración de las sociedades, desde las luchas de liberación del siglo XIX hasta los movimientos por los derechos civiles, feministas y medioambientales del siglo XX, y los movimientos digitales transnacionales del siglo XXI. Estos movimientos han sido interpretados a través de diversas teorías: desde las teorías clásicas centradas en las dinámicas psicológicas, hasta la teoría de la movilización de recursos, que pone énfasis en la organización y los recursos, y las nuevas teorías de los movimientos sociales que destacan la identidad y la cultura.

Tanto en el contexto global como en el árabe, la aparición de Amel representa una encarnación viva de esta trayectoria histórica más amplia. Comenzó como una respuesta espontánea, liderada por mí junto a un grupo de voluntarios y simpatizantes, ante las consecuencias devastadoras de la invasión israelí del Líbano, el colapso de las instituciones estatales y la erosión de la solidaridad. Sin embargo, lo que empezó como una reacción urgente pronto evolucionó, guiado por la visión fundadora de Amel, hasta convertirse en un movimiento social integral, con una agenda clara de cambio y herramientas prácticas para construir una sociedad más justa y equitativa.

Amel y los movimientos de cambio social: raíces teóricas

La experiencia ha demostrado que los movimientos sociales genuinos no surgen en el vacío, sino en la intersección entre la necesidad urgente, la voluntad colectiva y el impulso histórico. En este sentido, Amel representa una encarnación vívida de la teoría de los nuevos movimientos sociales, surgida a finales del siglo XX para ampliar el alcance del activismo más allá de las demandas económicas, incorporando cuestiones de identidad, justicia y liberación.

A través de una visión que fusiona la ayuda humanitaria con el desarrollo, y la acción humanitaria con la justicia social, Amel se ha convertido en una fuerza colectiva anclada en las necesidades cotidianas de la gente, un motor para la transformación de las relaciones sociales y políticas. Es una ilustración viva de la teoría de la “transformación cultural” de Alain Touraine, donde el compromiso humanitario se convierte en una plataforma para cultivar nuevas formas de conciencia colectiva que trascienden el sectarismo y el clientelismo.

En el núcleo de la filosofía de Amel

Amel ha sostenido constantemente el lema de “pensamiento positivo y optimismo continuo” en un entorno a menudo marcado por el pesimismo, la inercia y la dispersión de energías. Como institución civil, ofrece programas sociales, de salud, legales y de enriquecimiento cultural, basados en un profundo compromiso con el ciudadano humano, rechazando el sectarismo y abrazando tanto las dimensiones nacionales como panárabes.

En los contextos tanto nacional como árabe, Amel actúa como un “mecanismo de resistencia” frente a la marginación social, la pobreza, la injusticia y las crecientes desigualdades, incluido el abismo entre ricos y pobres, así como frente a la pérdida de dignidad de quienes están más marginados. La metodología de Amel se basa en lo que llamamos las “tres P”:

  • Principios en los que cree la institución.

  • Posiciones que adopta para expresar esos principios.

  • Prácticas que garantizan la sostenibilidad.

En el corazón de la misión de Amel se encuentra la defensa inquebrantable de la dignidad humana — la dignidad de cada ser humano. Este principio es la piedra angular de toda creencia en los derechos humanos: el reconocimiento de que toda persona, por el solo hecho de su humanidad y sin importar su afiliación, tiene derecho a un conjunto de derechos que deben ser respetados en todas las circunstancias. Estos derechos no son concedidos por ninguna autoridad; son inherentes, nacidos de la dignidad misma.

Proteger esta dignidad es afirmar la libertad y la soberanía de cada individuo sobre su cuerpo, sus decisiones y su camino de vida. Significa empoderar a las personas, física e intelectualmente, como procuran hacer los programas de Amel, para que puedan moldear su propio futuro, libres de dependencia o sometimiento.

Pilares de la hoja de ruta para cumplir la misión:

  • Trabajar con las comunidades populares, ya que no hay democracia sin desarrollo.

  • Compromiso con las causas justas, en primer lugar la causa palestina.

  • Lucha contra los dobles estándares, especialmente entre Oriente y Occidente.

  • Defensa de una distribución justa de la riqueza, tanto a nivel nacional como global.

  • Construcción de un Estado de justicia social, donde el sector público supervise al privado, y las organizaciones humanitarias complementen las deficiencias del gobierno, actuando como fuerza de presión para políticas que beneficien a las comunidades marginadas.

  • Protección del medio ambiente y enfrentamiento al cambio climático, que amenaza el futuro del planeta.

Criticar es fácil, el arte es difícil

Lo que distingue a Amel, más allá de su visión basada en los derechos y la acción humanitaria, es su firme compromiso con principios operativos cuidadosamente elaborados, que configuran tanto su dinámica interna como su implicación con la sociedad. Amel no es simplemente un proveedor de programas ni un respondedor ante crisis; funciona a través de un enfoque deliberado y estructurado, diseñado para garantizar tanto la eficacia como la sostenibilidad de sus intervenciones.

Construir un terreno común en sociedades fracturadas requiere habilidades fundamentales, entre ellas la atención y la capacidad de respuesta hacia los demás en la búsqueda de una comprensión compartida mediante el diálogo. Sin embargo, hoy en día, el discurso público está a menudo dominado por la auto-glorificación, la demonización del otro y la tendencia a acusar en lugar de empatizar. La autocrítica brilla por su ausencia, dejando paso al individualismo, la fragmentación y un debilitamiento del espíritu colectivo. Se invierte demasiada energía en narrar la realidad en lugar de transformarla; los eslóganes se repiten sin una aplicación genuina, mientras que el verdadero progreso se ve obstaculizado por una mentalidad de “todo o nada” que impide el compromiso y la acción colectiva.

Como respuesta, Amel adopta un conjunto de reglas que moldean su dinámica institucional y sus relaciones con las personas, reflejando su profunda creencia en la capacidad humana para el cambio y la cooperación:

  • Confianza en las personas. La experiencia determina si esa confianza está bien depositada, pero el objetivo sigue siendo la cooperación y el desarrollo del potencial de los demás.

  • Amor por las personas. Esto construye un terreno común y genera empatía y compasión. El diálogo nos ayuda a comprender temas complejos, y la receptividad hacia los demás refleja la riqueza humana. El potencial de colaboración humana supera lo que las instituciones permiten. La falta de entendimiento mutuo no debería impedir el compromiso. Podemos crear conexiones significativas en lugar de ver a los demás como simples reflejos de nosotros mismos.

  • Acceso suficiente a la información (datos) sobre cualquier tema abordado.

  • Planificación clara para cada asunto tratado.

  • Contratación de personal competente para implementar el plan.

  • Evaluación y ajuste del plan con base en la experiencia de campo.

De la ayuda a la acción: la estrategia de empoderamiento

Amel considera que cada ser humano no es un receptor pasivo de ayuda, sino un agente activo del cambio. Guiada por esta convicción, ha adoptado un enfoque progresivo de empoderamiento, centrado en las poblaciones más marginadas, mediante iniciativas en salud, educación, protección infantil y empoderamiento de las mujeres. Cada centro de Amel y cada clínica móvil funciona como un núcleo de movilización social, basado en la convicción de que la dignidad no se otorga, se conquista mediante la conciencia, la organización y la acción colectiva.

Esta metodología se basa en la Teoría de la Movilización de Recursos, que afirma que el éxito de los movimientos sociales radica en su capacidad para movilizar eficazmente tanto recursos humanos como materiales. En este sentido, Amel es mucho más que un proveedor de servicios; es un laboratorio viviente para la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Protección social: una mirada humanitaria y una herramienta de transformación

La protección social no debe verse únicamente como una red de seguridad técnica, sino como un reflejo de la forma en que una sociedad concibe a la humanidad. Cuando las personas son un fin en sí mismas y no un medio, la protección se convierte en un acto liberador que refuerza la dignidad y la justicia.

Históricamente, los movimientos sociales han sido los guardianes de esta visión, defendiendo leyes laborales, garantías de salud y seguridad social a través de luchas obreras, feministas y comunitarias. La protección no es un regalo de la autoridad; es un derecho conquistado mediante la organización, la concienciación y la presión social.

Amel considera la protección social como un eje central de su misión, no solo a través de la prestación de servicios, sino mediante la construcción de un sistema social participativo en el que la responsabilidad se comparte entre el Estado, la sociedad civil y las comunidades locales, para garantizar dignidad y justicia básicas para todos.

Resistir la desintegración: la protección como acto de liberación

En un mundo marcado por la fragmentación social, la guerra y una globalización excesiva, la experiencia de Amel devuelve el verdadero significado de la solidaridad. El desarrollo, según Amel, no es una mejora técnica, sino una liberación colectiva desde la base.

Al proteger a los grupos vulnerables —mujeres, niños, trabajadores migrantes y personas mayores— Amel reconstruye la red de seguridad social y redefine la relación entre el individuo y la comunidad. Es un movimiento que resiste la desintegración social, fomenta el sentido de pertenencia y cultiva ciudadanos que dan forma activa a su propio futuro.

Amel nos invita a considerar la protección social como un proyecto nacional unificador, no exclusivo del Estado ni de las organizaciones humanitarias, sino que requiere la cooperación de todos los sectores (público, privado y comunitario). La protección debe ir más allá de la prestación de servicios e incluir cambios de políticas, ampliación de la justicia e inversión en conocimiento para diagnosticar las desigualdades y proponer soluciones equitativas y sostenibles.

Esto exige un enfoque holístico que vincule los derechos individuales con las decisiones colectivas, la acción local con la visión global, y la práctica de campo con el análisis académico — transformando la protección de una gestión de crisis en un motor de renacimiento social. Por eso, el modelo de Amel representa un horizonte transformador que puede adaptarse y expandirse para elevar comunidades en todo el mundo — donde el ser humano no es un problema por resolver, sino la solución misma.

Amel como conciencia social por la justicia

Amel forma parte de una larga tradición de movimientos sociales árabes y mundiales que han resistido la opresión y la marginación, buscando reconstruir la sociedad sobre fundamentos de justicia e igualdad. En una era de reducción del espacio público y de democracias vaciadas de contenido, Amel insiste en restaurar la esencia del contrato social: que las personas sean agentes de su propio destino, no receptoras pasivas de decisiones.

En un mundo dominado por el individualismo y la lógica del mercado, Amel representa una voz moral que restaura la conciencia humana, no a través de eslóganes, sino mediante el impacto acumulativo de una acción diaria comprometida. Desde centros de atención en aldeas, pasando por procesos de empoderamiento en campamentos, hasta diálogos comunitarios en ciudades, Amel construye redes de esperanza y cohesión.

Amel no es un proyecto elitista, es un movimiento del pueblo, que camina junto a él en su lucha por recuperar la dignidad y el sentido en un mundo turbulento. No es solo una organización — es una conciencia social viva y un proyecto de liberación renovado. No es una institución — es un movimiento de liberación.

Un horizonte para el futuro

En un momento de desafíos crecientes y de sistemas de protección en colapso, Amel ofrece un modelo renovado de protección social — como acto liberador y proyecto transformador, arraigado en el pueblo y para el pueblo. En una región saturada de sectarismo y división, Amel — bajo el liderazgo de una generación joven — ha redefinido la protección no como una red de seguridad impuesta desde arriba, sino como un proceso comunitario participativo basado en la conciencia, la capacidad de organización y la lucha por la justicia.

Este modelo no separa la ayuda del desarrollo, ni al individuo de la comunidad — pone al ser humano en el centro de todas las políticas, no como una herramienta para agendas económicas o de seguridad, sino como su propósito.

Cada centro de Amel y cada acción de campo se convierte en un espacio de resistencia frente a la marginación y en una plataforma para una nueva conciencia centrada en la dignidad humana y la ciudadanía participativa. Al combinar principios, posiciones y prácticas, Amel ha demostrado la posibilidad de crear modelos alternativos de políticas públicas, basados en la asociación entre el Estado y la sociedad civil, desmontando las redes clientelares y sectarias en favor de un Estado del cuidado y la justicia social.

Este camino ha llevado a Amel a ser nominada al Premio Nobel de la Paz y a otros reconocimientos internacionales, por su labor pionera con refugiados, migrantes y todas aquellas personas cuyas voces han sido silenciadas por la injusticia, no solo en el mundo árabe, sino a nivel global. Sus sedes en Estados Unidos, Italia, Francia y Bélgica trabajan por construir un mundo más justo y reorientar la acción humanitaria hacia un enfoque basado en derechos y no en la caridad.

Pero la pregunta urgente ahora es: ¿cómo se puede generalizar y desarrollar este modelo para elevar comunidades enteras que luchan por liberarse de la pobreza, la violencia y la privación? ¿Cómo pueden los instrumentos, la tecnología y la investigación actuales servir a este proyecto humano?

El mundo actual a menudo utiliza la ciencia y la tecnología para dominar y ampliar las brechas, en lugar de proteger la dignidad. Amel abre un nuevo horizonte, donde el conocimiento se emplea no para alimentar mercados ni reforzar el poder, sino para proteger a las sociedades y preservar su humanidad.

El futuro de la protección social comienza aquí: con movimientos sociales capaces de renovar sus herramientas, aprovechar los momentos de transformación y proponer modelos prácticos que equilibren eficacia con justicia, ciencia con conciencia e intereses individuales con los colectivos. Mientras las visiones nacionales se desvanecen y las instituciones se erosionan, Amel nos recuerda que construir una sociedad justa no es solo responsabilidad del Estado, sino un deber compartido entre todas las fuerzas que creen que el ser humano es el fin, no el medio.

Conclusión

El presidente de la Asociación Amel, Dr. Kamel Mohanna, también ejerce como Coordinador General de la Red Árabe de ONG para el Desarrollo. Amel es miembro de la mayoría de las plataformas internacionales que trabajan para promover la dignidad humana sin importar la identidad, y es una de las primeras organizaciones del Sur Global que se ha expandido hacia el Norte y más allá, afirmando que cada ser humano es el centro y la base de todo, y que el compromiso con las causas justas — en primer lugar la causa palestina, la más justa de la historia moderna — debe seguir siendo central en un mundo donde los valores humanos retroceden bajo el peso de un materialismo brutal y la mercantilización de la humanidad.

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